La Fundación Empodérame, que desde 2017 registra y acompaña casos de trata de personas con fines de explotación sexual en la región fronteriza entre Colombia y Venezuela, particularmente en las zona de La Parada, Villa del Rosario y Cúcuta, donde e los patrones que han documentado evidencian “una red sistemática de explotación contra mujeres, adolescentes y niñas migrantes” quienes enfrentan condiciones de vulnerabilidad extrema ante la ausencia de respuestas efectivas desde el Estado colombiano, según un análisis reciente de esta oenegé.
“Nosotras no estamos hablando de casos aislados. Esta es una estructura criminal sostenida por la impunidad, por la demanda sexual y por la falta de acción del Estado. Lo que ocurre en la frontera es una emergencia humanitaria y feminista”, ha declarado Claudia Quintero, psicóloga y directora de la fundación.
Tácticas de las redes de trata se adaptan
Desde la organización advierten que las redes de explotación sexual emplean tácticas y formas cada vez más avanzadas para captar a sus víctimas, lo cual no siempre se da por vías violentas o explícitas, como por ejemplo el uso cada vez más extendido de redes sociales.
Los “grupos de WhatsApp, mensajes privados en Instagram o TikTok funcionan como herramientas para enganchar a mujeres y niñas, especialmente aquellas sin redes de apoyo ni documentación migratoria”, explica Quintero, quien también insiste con preocupación sobre otras plataformas que han alcanzado una masificación preocupante para captar a niñas, adolescentes y mujeres son “escenarios aparentemente legales como el «modelaje webcam», el comercio sexual en zonas turísticas, o incluso la mendicidad forzada con niñas”.
La falta de regularización migratoria expone más a las victimas
El primer eslabón que sirve de puerta de entrada a la explotación es la ausencia de vías de regularización migratorias accesibles para la población de origen venezolano que huye de una emergencia humanitaria y con elevaos niveles de vulnerabilidad. Con el Permiso por Protección Temporal (PPT) cerrado actualmente para los migrantes (a excepción de los menores de edad) o sin una visa de tipo humanitario “muchas mujeres se ven forzadas a aceptar cualquier forma de «trabajo» para sobrevivir. Las opciones reales de protección estatal son nulas”, advierten de la organización.
Otros de los muchos agravantes de la actual situación lo constituyen, por ejemplo, la no existencia refugios especializados, ni programas de vivienda a largo plazo para víctimas de trata, según se desprende de una respuesta y reconocimiento del propio ministerio del Interior de Colombia, tras un derecho de petición radicado por la Fundación en 2024.
Medidas urgentes
La Fundación alerta sigue identificando una alta demanda sexual masculina en la zona la cual es naturalizada. Aseguran que integrantes de la fuerza policial, empresarios, transportadores y hombres locales frecuentan zonas de explotación sin acarrear consecuencias legales, pero en la que se sigue criminalizando a las mujeres, en su mayoría empobrecidas. En tal sentido la fundación insiste en la adopción del modelo nórdico, que sanciona la demanda y no a las personas prostituidas. “Sin compradores, no hay trata. Sin demanda, no hay explotación. Necesitamos una justicia que mire a los verdaderos responsables”, afirma Claudia Quintero.
Frente al grave contexto que viven mujeres locales y migrantes, la Fundación Empodérame ha planteado una hoja de ruta de aplicación urgente, contenida de siete propuestas: la creación de refugios especializados en zonas de frontera. programas de autonomía económica, documentación y acompañamiento psicosocial; sanciones efectivas contra los proxenetas y compradores, formación especializada en trata para funcionarios (fiscales, policías y migratorios) y la participación de sobrevivientes en la formulación de políticas públicas.









