En el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, hacemos foco en 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮 𝗹𝗮𝘀 𝘃𝗶𝗼𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗺𝗮𝗰𝗵𝗶𝘀𝘁𝗮𝘀, 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗶𝘁𝘂𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹𝗲𝘀 𝘆 𝗲𝘀𝘁𝗿𝘂𝗰𝘁𝘂𝗿𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗾𝘂𝗲 𝗮𝘁𝗿𝗮𝘃𝗶𝗲𝘀𝗮𝗻 𝗳𝗿𝗼𝗻𝘁𝗲𝗿𝗮𝘀 𝘆 𝗮𝗳𝗲𝗰𝘁𝗮𝗻 𝗱𝗲 𝗺𝗮𝗻𝗲𝗿𝗮 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗰𝘂𝗹𝗮𝗿 𝗮 𝗺𝘂𝗷𝗲𝗿𝗲𝘀 𝗺𝗶𝗴𝗿𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀, 𝗿𝗲𝗳𝘂𝗴𝗶𝗮𝗱𝗮𝘀 y retornadas, 𝗮𝘀í 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗮 𝘀𝘂𝘀 𝗵𝗶𝗷𝗮𝘀 𝗲 𝗵𝗶𝗷𝗼𝘀.
La violencia institucional se reproduce en aquellas instancias de los Estados receptores o en tránsito, cuando las mujeres se enfrentan a omisiones, exceso de burocracia, prácticas o decisiones que obstaculizan el ejercicio de sus derechos o el acceso a rutas de atención frente a delitos como la trata de personas y la explotación sexual en sus diversas formas, explotación laboral, etc., violencia física, psicológica y económica o la prevención del feminicidio.
La padecen también en el sistema de justicia, sanitario o en búsqueda de protección internacional, cuando intentan acceder al sistema de asilo y refugio, alcanzar una regularización migratoria o en la búsqueda de trabajo y vivienda dignos.
Pero 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗼𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝗺𝗮𝗰𝗵𝗶𝘀𝘁𝗮 𝘁𝗮𝗺𝗯𝗶é𝗻 𝗲𝘀𝘁á 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗼 𝗱𝗶𝗴𝗶𝘁𝗮𝗹: 𝗲𝗹 𝗼𝗱𝗶𝗼 𝗲𝗻 𝗿𝗲𝗱𝗲𝘀 𝗹𝗮𝘀 𝗴𝗼𝗹𝗽𝗲𝗮 𝗲𝗻 𝗯𝗮𝘀𝗲 𝗮 𝘀𝘂 𝗼𝗿𝗶𝗴𝗲𝗻, 𝘀𝘂 𝗰𝗼𝗹𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗽𝗶𝗲𝗹, 𝘀𝘂 𝗮𝗰𝗲𝗻𝘁𝗼 o 𝘀𝘂 𝗼𝗿𝗶𝗲𝗻𝘁𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝘀𝗲𝘅𝘂𝗮𝗹. A nivel global, la violencia machista es una crisis: 1 de cada 3 mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual (OMS), 263 millones de mujeres han sido víctimas fuera del ámbito de la pareja, mientras que la ONU Mujeres advierte que las crisis humanitarias y migratorias aumentan la exposición a violencia sexual, trata y explotación. Por su parte, la OIM asegura que el riesgo de violencia machista contra mujeres migrantes y refugiadas en las Américas sigue creciendo.
Documentar, explicar y buscar respuestas desde el periodismo sobre las violencias contra las mujeres y niñas resulta una tarea imprescindible. Las mujeres siguen resistiendo, creando redes de apoyo, de solidaridad y sosteniendo la vida.









